Tuve la inmensa suerte en el año 1994 de encontrarme con
el Gran e irrepetible tenor Pedro Lavirgen, desde aquel momento
cambió la trayectoria de mi carrera musical y de mi vida. Empecé a
tener conciencia de lo que es mi voz, de lo que es el canto lírico y
teatral, y lo que significa cantar con verdad. Aprendí a tener un
soporte técnico y a decir el canto, aunque nunca terminamos de aprender.
No es necesario hablar de la carrera de Pedro Lavirgen, uno
de los mejores tenores que ha dado la historia, en algunas obras el
mejor. Pero sí hablar de su persona, un ser entrañable, cargado de
experiencia en la vida, generoso, y con una capacidad enorme de
sacrificio. La calidad humana de Pedro es un ejemplo y una lección de
maestría para los que estamos alrededor.